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Lorenzo García, ese pionero olvidado

Lorenzo García uno de los pioneros de la RI
Hablar del Dr. Lorenzo García es hablar de Toledo y de la vía biliar. Es posible que, junto con el golf, hayan sido sus más importantes pasiones. El Dr. Lorenzo García, Radiólogo Intervencionista, realizó su formación inicial en Radiología Intervencionista (RI) en Madrid, en los hospitales de San Carlos y en el Gregorio Marañón, era lógico ya que había estudiado la carrera de Medicina en la Universidad Complutense de la capital de España. Su inquietud por abrir caminos de la RI le llevó a la vieja Universidad de Lund-Malmo en Suecia. Allí, de la mano del profesor Anders Lunderquist, aprendió casi todo sobre drenaje biliar y embolización de varices gastroesofágicas. Posteriormente realizó dos estancias en la Universidad de UC Center de Sacramento (California) y en la Universidad de Pensilvania (Philadelphia) en EEUU donde pudo practicar en modelos animales sobre hipertensión portal y nefrolitotomía respectivamente. Es miembro y socio fundador de la SERVEI, ha escrito varios libros de la especialidad y ha publicado números artículos en revistas nacionales e internacionales.

¿Sería cierto que hablar de Lorenzo García es hablar tan sólo de Toledo y de la vía biliar? ¿Alguna matización?

A mí, siempre me interesaron mucho, tanto desde el punto de vista clínico como intervencionista el hígado y el riñón. Conocer al Profesor Anders Lunderquist centró y encauzó aún más mi pasión por la patología hepática y más concretamente por la vía biliar. Pero bien es cierto que me han interesado otras muchas cosas. Hablar con los amigos, leer y, sobre todo, el golf.

Estuvo trabajando como jefe de la Unidad de Radiología Intervencionista del Hospital Virgen de la Salud, el actual Hospital Universitario de Toledo durante 38 años ¿Existen diferencias substanciales del hospital actual con respecto al hospital en el que comenzó a trabajar hace 35 años?

Estoy jubilado desde hace casi ocho años y eso referido al desarrollo tecnológico, tanto en material fungible como en máquinas, es un mundo. Hoy día, cualquier hospital comarcal tiene probablemente más medios de los que yo disponía en mis inicios.

Usted ha sido desde siempre un médico inquieto. Siempre preocupado por el trabajo bien hecho. Aunque de una forma humilde, se le ha visto siempre en la vanguardia del pelotón. En el año 1964, CH Dotter realizó la primera angioplastia en Pórtland Oregon EEUU. Lorenzo García estaba haciendo drenajes biliares unos pocos años después en Toledo, España ¿Se siente pionero en la implantación y desarrollo de las técnicas intervencionistas en España?

Sin lugar a duda. Los pocos que comenzamos con la puesta en marcha de ellas (diagnósticas y terapéuticas) veníamos de la radiología vascular. Unos optaron por continuar en el lecho vascular y otros aplicamos la técnica de Seldinger en otros lugares. En mi caso la decisión se produjo a raíz de leer un artículo del Dr. Anders Lunderquist sobre embolización de varices esofágicas. Mi pasión por la patología hepática y disponer de una sala que podía compartir con cardiólogos me hizo marchar a comienzos del año 1980 hasta la universidad de Lund (Suecia), con una beca de la embajada de ese país. Mi primera estancia fue de tres meses y tengo que decir que, a pesar de la soledad, de las costumbres y de las bajas temperaturas, fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida gracias al trato recibido y, sobre todo, a conocer a una persona como Anders Lunderquist, quien tenía una gran inteligencia, generosidad, humildad y talento. Nuestra relación, para mi sorpresa, fue de mutuo respeto y me hizo sentir importante… ¡figúrese!

Otra cosa muy diferente fue mi vuelta al tratar de convencer de las bondades de estas técnicas a mis compañeros, quirúrgicos, sobre todo. Hablar de un drenaje biliar o nefrostomía en el año 1980 y en Toledo era hablar de ciencia ficción. Se reunían varios factores de enorme importancia: en aquellos años teníamos un hospital de tamaño pequeño/mediano, una ignorancia global, nula experiencia por mi parte, muy poca bibliografía y escasez de medios. Era habitual que cuando yo planteaba realizar un drenaje biliar, o una nefrostomía, por ejemplo, contestaran que esas “cosas” aplicadas a patologías tan serias, no eran competencias de los “fotógrafos”. Esta realidad, lejos de desanimarme me estimuló aún más. Tenía una fe ciega en mi y en lo que estás técnicas podían representar en mi medio hospitalario. Estuve muchos años solo, con dos enfermeras. Puse en marcha las guardias localizadas en el año 1986 aunque, eso si, no remuneradas. La llegada del Dr. Carlos Lanciego fue una bendición en todos los aspectos. Este encuentro fue importantísimo en el desarrollo de la Unidad, pero eso es otra historia.

Familia Lunderquist con los doctores Lorenzo García y Carlos Lanciego.

Como usted comprobó y sigue comprobando, la RI se tambalea. La filosofía doctrinal de los pioneros se ha quebrado. Muchas especialidades han pasado de la ignorancia y el desdén a “lo quiero para mí” ¿Qué piensa de que nuestras técnicas estén en manos de otros especialistas? Los radiólogos intervencionistas trajeron, desarrollaron y pusieron en marcha todos los nuevos procedimientos de las técnicas percutáneas, endoluminales y endovasculares y ahora están en manos de otras especialidades, mientras la administración se pone de perfil y no solo impide que el paciente aguante la segunda invención de la rueda, sino que le otorgan privilegios que nunca tuvieron los intervencionistas ¿Está usted de acuerdo con esta descripción de los hechos? ¿Los intervencionistas una vez más han sido unos pagafantas?

Es una de las preguntas más delicadas de contestar. Conoce que yo siempre he sido un personaje políticamente incorrecto y que siempre me ha gustado nadar a contracorriente, quizás por ser más divertido y más real. Así como no creo en la “propiedad” del enfermo, también defenderé que cualquier tipo de intervención siempre la debe llevar a cabo el profesional más cualificado. Al enfermo, y lo digo por experiencia, lo único que le importa es que se le solucione su problema. El conocimiento no debe ser repartido, esto para mí esto para ti. Cuando hacemos esto, ¿estamos pensando, con sinceridad, en nosotros o en el enfermo?
Ejemplos: una hernia discal la debe operar un traumatólogo o un neurocirujano? Más con relación a nosotros: ¿Una prótesis de colon la debe colocar un endoscopista o un radiólogo intervencionista? ¿Una litiasis renal la puede tratar un radiólogo intervencionista (yo lo he hecho muchas veces, previa nefrostomía) o un urólogo? ¿Una litiasis en vía biliar principal la debe tratar un radiólogo intervencionista ( yo he hecho muchísimas, previo drenaje biliar) o un endoscopista? Pues la respuesta es clara: lo que mejor sea para el enfermo. Siempre me importó mucho más “saber lo que hago que no saber lo que soy”. Le contaré una anécdota que me ocurrió hace muchos años; un día el jefe de Urología vino a decirme que querían hacer las nefrostomías, yo le dije que no podía impedírselo, eso sí, le advertí con mucho respeto y con mayor contundencia que no solo harían las fáciles y a las horas más convenientes, sino que harían todas y a cualquier hora, además de las intervenciones que en muchos casos se pudieran derivar de la nefrostomía primera. ¡Ahí se terminó la conversación y nunca más se volvió a plantear el tema! Te aseguro que han vivido mejor y más seguros.

El caso de los cirujanos vasculares en mi hospital fue muy especial y doloroso para mí, por la forma en que se hizo y por la “colaboración” que hubo de ciertos compañeros radiólogos. En primer lugar, cuando ellos plantearon hacer angioplastias y colocar prótesis, no tenían ninguna formación y solo la ambición, el orgullo y el miedo a quedar relegados los llevó a reclamar algo que casi desconocían. Tuvieron ayuda de otros radiólogos, algo que me hizo mucho daño. Yo comprendía que ellos hicieran estas intervenciones a medio plazo, ¿porque no?, pero mientras tanto yo era el más cualificado y debería haber habido una colaboración y recibir un entrenamiento por nosotros que teníamos capacidad para ello.

Fue el organizador del Congreso SERVEI del año 1989 en Toledo ¿Por qué usted y en esa ciudad?

Fue una petición del Dr. Maynar, entonces presidente de la SERVEI. Toledo era una ciudad muy bien ubicada y con un gran atractivo. Intenté hacer un evento inolvidable, tanto en el aspecto científico como en el lúdico. Creo que fue un éxito, aunque también hubo algún desencuentro que prefiero no mencionar.

Se ha definido como políticamente incorrecto, pero los que le conocemos sabemos que es una pose del fondo de la pista. En la red, usted puede llegar a ser entrañable. Algunos le conocíamos, cariñosamente como el “Águila de Toledo” ¿Tiene alguna similitud con la leyenda del ciclismo?

No tenía ni idea de este apelativo. Quizás podíais ver cuatro de las cualidades que en este personaje estaban claras: fe en sí mismo, pasión por lo que hacía, lucha ante la adversidad y trabajo.

Siempre disfrutó con la docencia ¿Cree que es una obligación difundir el conocimiento o más bien es algo optativo?

En primer lugar, el conocimiento debería ser universal. Es una obligación moral trasmitir nuestra experiencia a aquel que desea recibirla. En mi caso lo he hecho con entusiasmo, siempre fui un médico de brega, es decir que solo me interesaba el trabajo diario y por tanto creía en la docencia viva y cercana, más que en la académica o de currículum (máximo respeto). Intente inculcar lo importante que era tener buena cabeza (sentido común), estudiar mucho y adquirir buenos hábitos técnicos. Siempre decía: “que seas tú quien dirija la aguja y nunca que la aguja te dirija a ti”.

Se dice que la RI es en España no está bien remunerada y poco o nada reconocida ¿Es la RI una profesión mal pagada? ¿A esto se refería cuando en el año 2012 se atrevió a escribir a la presidenta de su comunidad María Dolores de Cospedal?

Debo reconocer que el dinero nunca fue muy importante para mi. Dicho esto, claro que está mal pagada, no somos ni futbolistas, ni artistas ni banqueros. Tampoco creo que estén bien pagados los investigadores.

¿Qué opinión tiene de los radiólogos intervencionistas españoles? ¿Cree usted que los intervencionistas están hechos de un pasta especial?

Con sinceridad, creo que éramos/somos muy buenos, tenemos algo que no se adquiere con dinero: imaginación y talento. Nos ha faltado (ya no lo creo) medios. He visto trabajar, con pacientes reales, a suecos y americanos y nunca les vi nada especial. Eso sí, en los congresos la impresión que daban era de gran superioridad.

El Doctor García junto al Doctor Lanciego.

Cuando se jubiló ya hace unos años manifestó que se iba a dedicar a su familia y a su perro Lolo ¿Es eso lo que ha hecho? ¿Qué piensa su familia? A su perro no le vamos a preguntar ¿Como le afectó la jubilación? ¿Por qué se jubiló antes de tiempo?

Fue un alivio, me jubile un año antes porque ya no disfrutaba con lo que hacía. Ir a trabajar ya no era un tiempo del día especial. Se acabo la ilusión y dejaba la Unidad en buenas manos (Dr. Lanciego). Supongo que a mi familia le pareció bien.

¿Cuál de estas virtudes: lealtad, sinceridad, amabilidad, compasión y agradecimiento valora más?

Las tres últimas me parecen básicas desde el punto de vista moral. Las dos primeras son las que más valoro en una relación profesional, sin ellas la convivencia diaria es imposible.

¿Qué opina de la amistad? ¿Tiene muchos amigos? ¿Tiene algún reproche consigo mismo con respecto a la amistad?

La amistad es la disponibilidad total para lo que sea, como sea y cuando sea. En relación con mi carácter soy una persona de blancos y negros, nunca he sabido manejar los grises y con ello quiero decir que a veces (muchas veces) he confundido amistad con interés y la consecuencia ha sido la frustración. Con lo dicho, es normal que no tenga muchos amigos y claro que me he frustrado conmigo mismo y me he sentido culpable, eso forma parte de mi carácter sensible.

Cuéntenos lo que quiera de su gran pasión, fuera de la medicina: el golf ¿Se ha sentido satisfecho con lo que este deporte le ha aportado?

El golf ha representado algo muy especial en mi vida. Sin duda, fue algo más que una actividad lúdica/deportiva, representó una enseñanza de vida. Todo comenzó de forma fortuita al acompañar a un compañero a una clase de golf. Ver volar la bola me fascinó y me propuse hacerlo yo de la mejor manera posible. De una forma autodidacta con lectura, pasión y muchas, muchas horas de entrenamiento logre tener un hanficap de 4,6 y decidí presentarme al curso de monitor (con 57 años) en la Real Federación española de golf (RFEG), lo aprobé y de inmediato y como una experiencia vital más y sin ninguna expectativa, me ofrecí a dar clases en mi club (campo de Layos, Toledo) . El éxito fue una sorpresa mayúscula y así estuve durante 5 años. Después de esta experiencia, traté de exponer mis conocimientos en un libro, no me importo lo bueno o malo que fuese y solo contó lo que me divertí al escribirlo.

El Dr. García junto a su esposa en el campo Old Course de St. Andrews en Escocia.

Para ser un buen golfista, son necesarias tres cosas: una gran pasión, muchas horas de entrenamiento y por último talento. No se pueden compensar unas con otras.

¿Qué me enseñó el golf? A comprender la vida, sobre todo a fortalecer mi humildad y respetar a los compañeros (nunca rivales) de partido. Un buen golpe nunca asegura que el siguiente no sea un desastre y jamás, jamás vi reírse a nadie cuando un jugador daba/ dábamos un golpe muy malo. La presión cuando das un golpe es lo más bonito de negociar y requiere una estrategia que a su vez estará en función de las características del terreno, condiciones meteorológicas y nivel técnico. Decía Tiger Woods que no había ninguna diferencia en la presión que se sometía él ante un putt de dos metros para ganar el Open, de la que siente un jugador amateur para ganar el trofeo de su club. Esa es la grandeza del golf. En muchas situaciones iguala a todos los jugadores. En el golf no hay rivales que dificulten tu juego. El único rival que tienes es el campo y la responsabilidad de dar un buen o mal golpe solo es tuya: la bola siempre está quieta y solo espera a ser golpeada.

He jugado en muchos y maravillosos campos, pero elegiría uno sobre todos los demás, el Old Course de St. Andrews en Escocia y no solo por su localización y diseño, sino por su historia, estás pisando las mismas calles que antes lo hicieron los mejores jugadores de la historia del golf y te acuerdas, por ejemplo, del gran Severiano Ballesteros (Seve) y como ganó su primer grande con un putt en el último hoyo.

¿Cómo ha ido la jubilación en estos años? ¿En qué ocupa el tiempo libre?

Pues en descansar, escuchar música y sobre todo en disfrutar de buena literatura (novelas). No me motiva ya el viajar y si disfrutar de mi familia, buscar la paz íntima y cuidar de mi salud física, especialmente en estos momentos.

El Doctor Juan José Ciampi sobre su mentor el Doctor Lorenzo García

Lorenzo García-García, hombre y figura del intervencionismo en España, discípulo de reputados intervencionistas mundiales (tal como el Dr. Lunderquist ) ha formado parte de la historia e implantación del intervencionismo  hispano. El Dr Garcia une  a un manejo técnico exquisito unas habilidades extraordinarias que le han  permitió desarrollar  múltiples técnicas en áreas diversas como oncología, urología, ginecología, hepatobiliar. Ha contribuido a la formación   de muchos especialistas en radiología intervencionista de toda España y también de iberiamérica. Su generosidad, paciencia y arte para trasmitir todo aquel conocimiento/técnicas del tratamiento endovascular, permitieron que yo como residente recién terminado en verano del año 2009 iniciase mis andaduras en el mundo intervencionista. 

El Dr Lorenzo Garcia me infundió pasión constante, disciplina y perseverancia para hacer de esta profesión que tenemos una forma de vida. Por estas razones, por su amistad y su humanidad, lo considero y siempre lo consideraré mi MAESTRO, quien me enseñó desde lo más básico a lo más complejo, cuando yo era un neófito en el área, y esto me permitió sentar todas las bases para seguir creciendo. En mi corazón y pensamientos siempre estará presente.
El Doctor Carlos Lanciego sobre su mentor el Doctor Lorenzo García

Mi relación con el Dr. Lorenzo Garcia fué siempre especial desde el primer día que le conocí. Recuerdo ese día de R1 con mucha claridad, había elegido hacer la residencia en Toledo por consejo de un buen amigo de ambos, el Dr.Julio Dávila, del hospital de Móstoles que me habló de este lugar como el “santuario de la radiología intervencionista biliar “ . El conocía mucho a Lorenzo y pensaba que ése era mi sitio.  Ese primer día de mi residencia  me presenté en su despacho y le dijé que quería formarme con él . Esa elección marcó mi vida profesional. Yo soy lo que soy como intervencionista por pasar dos décadas con éste pionero y maestro de muchos de nosotros.  La conexión y química que se estableció entre nosotros fué excepcional, fueron la unión de su chispa y genialidad con mi constancia y trabajo diario, lo que nos llevó a alcanzar cotas de excelencia en publicaciones , libros y capítulos varios , todo tipo de premios en congresos, todo ello a nivel nacional e internacional ;  pero siendo todo eso importante , no fué lo mejor. Surgió el desarrollo de un ambiente de trabajo fantástico en la Unidad de RI haciendo equipo con los enfermeros ( y la auxiliar de enfermería ) , viviendo cada día como una familia. Algo único e irrepetible, y difícil de entender para las nuevas generaciones de intervencionistas de hoy día. También en esos años de muchos congresos juntos, dábamos una sana envidia a muchos de nuestros colegas de otros centros. Y todo ello era real !!  De todo aquello siempre destacaré la lealtad por mi parte en esa relación discípulo-maestro y el compromiso de Lorenzo conmigo en formarme como me prometió desde ese primer día. 

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