Nuestro hombre: Horacio D´Agostino

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Dr. D’Agostino, usted ha nacido en La Plata (Argentina) pero ha vivido y trabajado muchos años en EEUU, tu esposa es americana, tus hijos son americanos. ¿Sueñas en inglés o en español? ¿Te sientes argentino o te sientes más estadounidense?

Querido amigo, me siento honrado en que uses tu tiempo para hacerme esta entrevista para la revista Mininvas News. Te agradezco también porque tu solicitud de tener esta interacción me ha esforzado a recapitular mi trayectoria y ordenarla de manera que la pueda compartir con los demás. He nacido en un gran país de Sudamérica que desde hace muchos años amenaza con despegar y volver a volar alto. Tiene los recursos y una fascinante cultura, sin embargo, la ignorancia y la corrupción lo mantienen distraído para que no cumpla con su responsabilidad de ser lo que debe ser, una gran nación colaborando para un mundo mejor.

El amor y mis pasiones son quienes, en el marco ético y práctico, han guiado y guían mi pasaje por este ciclo de vida. La medicina, luego de una excepcional educación básica, es el territorio amplio y diverso al que llego para desarrollar mi existencia. Tanto es así, que pasando tantos años con plena dedicación dentro del hospital y seguir soltero, mi hermano y amigos me decían me iba a casar con una paciente. La predicción estuvo cercana, no fue una paciente, sino una bella administradora que conocí en el Memorial Sloan-Kettering en Nueva York. Me casé con Linda y juntos tuvimos a Abigail y Horacito en Argentina. Legalmente ellos son americanos nacidos en el extranjero.

Jajaja… me hacen mucha gracia tus últimas preguntas. Me siento un simple ser humano de este planeta, quien sigue naturalmente atado a su terruño y su gente. Sin embargo, desde la salida de mi país natal, cualquier sitio me conforma, siempre y cuando pueda servir en él con el bagaje que llevo conmigo. El soñar es interesante. En el país de mis sueños hay situaciones placenteras, y algunas desafiantes e inquietas. Y la verdad, nunca tuve problema de lenguaje y usualmente me olvido de ellos después de despertame. Actualmente me siento bien tanto en Argentina como en EEUU. Me encanta cuando visito mi país natal y disfruto de él con la familia y los amigos, así como su cultura y bellezas naturales.

Usted ejerció en Argentina como cirujano. ¿Qué le hizo cambiar el rumbo a su vida? ¿Cómo acabó siendo radiólogo?

La realidad de mi cambio de cirujano convencional en Argentina a Radiólogo Intervencionista en EEUU fue totalmente fortuita y no premeditada. Mi gran maestro de cirugía fue el Profesor José María Mainetti; quien me facilitó un Visiting Fellowship en el Memorial Sloan Kettering de Nueva York para estudiar el tratamiento quirúrgico de las metástasis hepáticas. Fue realmente una experiencia fantástica. Estaba asombrado de la organización y tecnología americanas. Y también de las chicas bonitas que había en el hospital. Fue allí donde empezó todo el lío, ya que una de ellas (la más guapa) tomó camino a la Argentina, nos casamos y vinieron los hijos. Las razones familiares tiraron fuerte para retornar a EEUU. Para mí, era volver a la cumbre de la cirugía.

Llegamos en febrero de 1983. Después de muchos intentos fallidos de conseguir una residencia de cirugía, conecté con Julio Palmaz. Julio y yo nos conocíamos bien. Durante mi fellowship en oncología, él era el angiografista que hacía los estudios en nuestros pacientes con cáncer para demostrar su operabilidad. Además, habíamos aprobado juntos el ECFMG (pasaporte para la residencia en EEUU). De nuestra conversación surgió la opción de hacer mi residencia en radiología en el Veterans Administration de Martínez, California, y después dedicarme al Intervencionismo (que todavía no conocía bien). Fue durante la residencia en Radiología, haciendo angiografías, biopsias, y drenajes, cuando entendí la magnitud de los beneficios de los procedimientos invasivos guiados por imágenes. Recuerdo mi epifanía con la especialidad, un 24 de diciembre de 1987: recibimos un paciente del Veterans de Reno, con pancreatitis alcohólica aguda y una enorme colección en el espacio pararrenal anterior izquierdo. Los cirujanos no lo querían tocar y nos pasaron al paciente. A mi instructor de intervencionismo, no le entusiasmaban los casos no vasculares y me dejó hacer el caso a mí. Ante mi asombro, los catéteres evacuaron la colección y el paciente fue dado de alta a pasar el fin de año con su familia (con una fistula pancreática para seguirla en forma ambulatoria). La comparación con mi experiencia previa, operando pacientes similares a este enfermo con pancreatitis aguda complicada, me hizo ver la luz. De hacer enormes incisiones, terribles desbridamientos complicados con hemorragias y muerte en un número considerable de pacientes, a evacuar las colecciones con tubos, que no destrozaban al enfermo y obtenían mejor resultados, era categóricamente mejor. He sido afortunado en hacer mi fellowship en Intervencionismo no vascular bajo mi querido maestro Eric vanSonnenberg y sus discípulos, Giovanna Casola y Robert Varney, en San Diego, California. Estuve allí 10 años manejando la sección de Intervencionismo no vascular de 1993 a 1996, cuando se fusionaron el Intervencionismo vascular y no vascular bajo la figura de Anne Roberts. En 1999 me trasladé a Louisiana como jefe de departamento en la Universidad del Estado de Louisiana en Shreveport con la intención de crear un departamento de radiología académico. Lo logramos progresivamente, con un equipo de excelentes colegas americanos y sudamericanos.

¿Es un hombre dicotómico en tus sentimientos (Argentina vs EEUU, Cirugía vs Radiología)? ¿Se siente más cirujano o más radiólogo?

Con los años y las experiencias vividas, la persona cambia inevitablemente. Y, en el análisis de buscar maneras de cómo servir mejor a uno mismo y a los demás, uno puede incluir cambios que cumplen los mismos objetivos de formas diferentes. La radiología nos hace ver lo que pasa en nuestra forma biológica. La cirugía le da acción esa contemplación de imágenes e intenta remover el mal o reconstruir la integridad de esa realidad anatómica. Por lo que aprender radiología amplió mi educación y horizontes para obtener lo mismo que la cirugía convencional pero con menor daño al paciente.

¿Se dedicó al diagnóstico o paso directamente a la Radiología Intervencionista? ¿Qué le llevó allí?

Desde el fellowship en San Diego he estado dedicado al intervencionismo, con 10-20% de mi tiempo en cubrir otras áreas de radiología diagnóstica. Cuando tomé la jefatura del departamento en Shreveport, aparte de las tareas administrativas, el 95% de mi trabajo clínico fue Intervencionismo. La RI es la razón por la cual me volqué a las imágenes. Julio Palmaz, fue quien me hizo morder el anzuelo, diciéndome “con tu background en cirugía, el intervencionismo es para vos.”

Algunos pensamos que la RI, aunque utilice la imagen, es cirugía. Las habilidades, las manos y la clínica son fundamentales. A usted le oído decir que la imagen era substancial para la RI, pero, ¿no lo es también para los cirujanos?

Las imágenes son fundamentales para una indicación apropiada y para precisar la ejecución de una intervención segura y efectiva. Estoy de acuerdo contigo, la RI es cirugía guiada por imágenes. La RI no vascular me envolvió en una nube de entusiasmo y de ideas de cómo poder aplicarla y difundir sus beneficios. Como intervencionista con un background en cirugía mayor, notaba que muchas colecciones abdominales iban a cirugía sin necesidad por falta del drenaje vigoroso. ¡Y además, las ablaciones de tumores percutáneas eran de no creer! Y es así como vino a mi memoria un episodio que ocurrió cuando era estudiante de medicina; estábamos en una clase de obstetricia y el profesor hablaba de la historia de los fórceps como instrumento para facilitar la salida del niño a nacer durante un parto distócico.

“Fue durante la residencia en Radiología, haciendo angiografías, biopsias, y drenajes, cuando entendí la magnitud de los beneficios de los procedimientos invasivos guiados por imágenes”.

Los hermanos franceses Chamberlen, Pierre el viejo y Pierre el joven, desplazados de Francia hacia Inglaterra, estuvieron aceptados por la invención del fórceps obstétrico. Estos hermanos adquirieron fama de resolver partos distócicos con un instrumento que lo usaban a puertas cerradas y con la paciente con los ojos vendados. El secreto lo mantuvieron hasta su muerte, negando a colegas la oportunidad de ayudar a pacientes con distocia. Esta anécdota quedó grabada en mi mente. Es algo totalmente en conflicto con la ética de nuestra profesión. De manera que, yo comparto mis conocimientos sin fronteras de especialidad. Es sabido que mi actitud ha generado controversias. Desde apreciación de quienes aprendieron técnicas mínimo-invasivas reemplazando cirugías mas traumáticas, a emociones negativas por los radiólogos intervencionistas. Gracias a la influencia de algunos de nosotros a principios de los 90, y a la oncología, la interacción de los intervencionistas con pacientes y colegas, con respetables excepciones, estaba centrada en la ejecución técnica en sala de procedimientos con poco conocimiento de los resultados y seguimiento de los pacientes.

¿De qué modo le ha ayudado como Radiólogo Intervencionista la formación en el ejercicio quirúrgico?

Ciertamente, los conocimientos del manejo integral del paciente han sido fundamentales para mi actividad intervencionista. Estar familiarizado con el uso de antibióticos, nutrición, sacar al enfermo de la cama, manejar los drenajes, y repercusiones de las fallas cardiorrespiratoria y renal son esenciales para originar una interconsulta especializada. Los avances últimos del Intervencionismo se deben al mejor manejo de los enfermos y los avances de la tecnológico.

En 1992, yo establecí la clínica de consulta semanal de RI en UCSD y, en 1996, el SIR me invitó a exponer mi experiencia el sábado previo al comienzo oficial del congreso. Es de agradecer que hemos evolucionado y ha desaparecido el concepto de que la última imagen en la sala donde se hizo la intervención era sinónimo de un buen resultado de esta.

En EEUU ya están viviendo la espcialidad de la RI. ¿Cree que el ser una especialidad independiente le reporta ventajas o inconvenientes a la RI?

El reconocimiento de la RI como especialidad es beneficiosa. Esos beneficios son organizativos y económicos. Ha fomentado la formación de grupos de intervencionistas con diferentes áreas de interés. Tiene representación en los Boards de Especialidades Médicas para la educación y los aranceles de los procedimientos. Esto también beneficia al paciente, ya que los intervencionistas le prestan más atención y asumen responsabilidad de los pacientes que manejan.

¿Qué maestros recuerda que le hayan influido?

En este momento, me doy cuenta de que soy muy afortunado. Y mis maestros, a quienes admiro y quiero, son muchos. Ellos han creado escuelas donde yo he sido un alumno más. Hablo del Profesor José María Mainetti y sus discípulos en cirugía. Ejemplificaron el tesón de hacer lo que hay que hacer, en el momento preciso, si queremos contribuir a mejorar una situación. Eric (Skip) vanSonnenberg, en Intervencionismo, afianzó esos criterios y me hizo ver la importancia de recibir la tecnología avanzada con los brazos abiertos. Así fue como jugamos con endoscopios y transductores de ultrasonido minúsculos a principios de los 90. Hoy están establecidas las técnicas del uso percutáneo de miniscopios y minitransductores. en combinación con lo que la creatividad e ingenuidad pueden lograr.

Usted ha formado a muchos profesionales que han estado en su servicio. ¿Se siente feliz enseñando? ¿Cree que lo ha hecho bien?

La educación es la plenitud que me inspira y que da vida. Aprender, y transmitir mi experiencia a estudiantes y colegas con gran motivación es de lo mejor que puede ocurrir. La última parte de tu pregunta es para que la contesten quienes han compartido alguna etapa educativa conmigo.

¿Para usted cual sería el hito más importante de la RI?

Una pregunta muy provocativa. Idealmente, y lo digo así específicamente, los médicos tendríamos que organizarnos en equipos de pequeña y alta complejidad siguiendo estándares aceptados. Entonces, existiría una colaboración sincera y proactiva del equipo médico para ofrecer lo que es mejor para el paciente. Esto es evaluar los recursos y habilidades disponibles en la institución. De no poder hacer lo mejor para el paciente, y sin poner a riesgo la vida de este en la institución, el paciente debería ser trasladado a un centro con experiencia y recursos para que su condición sea manejada de la mejor manera aceptada. Uno de mis dichos es: “Lo mejor para el paciente, es lo mejor para el médico y la institución.” Otros dichos míos son más procaces y me avergonzaría divulgarlos.

¿Se considera a la altura de otros intervencionistas argentinos como sus amigos Juan Carlos Parodi o Julio Palmaz?

Juan y Julio han contribuido con ideas y técnicas que literalmente han cambiado el tratamiento de diversas enfermedades vasculares y no-vasculares. Yo no les llego ni a los tobillos en cuanto a las contribuciones de estos dos gigantes. A Julio le debo un especial agradecimiento, ya que fue quien me puso en camino con la RI. Siento una grandísima admiración por los dos. Tanto como de Miguel Angel, Antonio, Mariano, Papum, Skip, Giovanna, Manolo, Marcelo, Mario, y tantos otros con quienes recorrimos los senderos del Intervencionismo como parte de nuestra existencia.

“El reconocimiento de la RI como especialidad es beneficiosa. Esos beneficios son organizativos y económicos. Ha fomentado la formación de grupos de intervencionistas con diferentes áreas de interés”.

Ayúdeme a pensar y si no quiere no se comprometa. ¿Quien cree que fue fundamental En el desarrollo del endograft aórtico Héctor Barone, Juan Carlos Parodi, Julio Palmaz o Claudio Schönholz? Al final la historia nombra solo a Juan Carlos Parodi, ¿le parece justo?

El endograft aórtico es producto de la colaboración en el desarrollo de una idea. Nada se hace con una sola persona. La realidad es que los intervencionistas nombrados han contribuido al desarrollo del endograft aórtico. Salvo Héctor Barone, a quien desconozco, el resto de los colegas señalados son brillantes y admirados por mí y quienes los conocen. Me parece apropiado que se mencionen todos los nombres involucrados en su desarrollo, pero no creo sea un motivo que moleste los egos del equipo que evolucionaron en la idea.

¿De qué siente más satisfecho como médico? ¿Y como persona?

Hablamos de una persona que se manifiesta en muchas formas, entre ellas, ser médico. Hice y hago lo que mejor pienso que hay que hacer ante determinadas situaciones. El ayer es pasado y está hecho, el mañana es incierto. Ahora estoy respondiendo a tus preguntas. El pasado no lo puedo cambiar. Tampoco puedo predecir el futuro. Disfruto de este momento que me acerca a tu persona. Estoy bien.

De izquierda a derecha: Los doctores Willy Castañeda, Antonio Mainar, Miguel Ángel de Gregorio y Horacio D´Agostino.

¿Cuál sería la principal diferencia entre la RI Americana y la Europea?

No existen diferencias entre la buena RI americana y la europea. Ambas tienen creatividad e ingenuidad y cuentan con acceso a avances tecnológicos. Y bueno, el mundo de la RI es prácticamente global. Estamos evolucionando a estandars internacionales y ya estamos manejándonos con ellos en los centros de alta complejidad de los países desarrollados.

A usted le han tratado bien los estadounidenses y EEUU en general. ¿Usted cree que tratan igual a todas las personas que llegan a EEUU con talento y ganas de trabajar?

Así es. El precio de la aceptación y el reconocimiento es ser consistente y hacer el mejor esfuerzo y no desanimarse ante el periodo de evaluación de donde uno trabaja. Con condiciones, talento y esfuerzo, asociadas a una actitud positiva y justa, EUUU es un gran país para desarrollarse profesionalmente. Esta apreciación vale para cualquier profesión si uno está en una institución sana.

¿El mate que acostumbra a beber le calma y mitiga la añoranza por Argentina?

Vivo contento en los dos países. Siempre añoro Argentina, mi familia, amigos, una cultura para examinarla desde lejos y experimentarla de a cachitos. El mate es de lo mejor en infusiones. Sigo bebiéndolo cotidianamente.

¿Cuantas horas dedica al día al ejercicio? ¿Qué deporte está ahora trabajando?

Por lo menos dedico 30 minutos por la mañana. Óptimamente, 2 horas por día. Y, ¿en qué estoy trabajando? Jajaja… no es trabajo, me divierte desde hace un años hacer ejercicios de grupo como barre, aerobic, pilates y a veces yoga. Debo reconocer que lo hago como puedo y fundamentalmente sin tener vergüenza de mi performance. La bicicleta me sigue fascinando. Mientras que caminar con buenos amigos esta reemplazando el jogging.

“No existen diferencias entre la buena RI americana y la europea. Ambas tienen creatividad e ingenuidad y cuentan con acceso a avances tecnológicos [...] el mundo de la Radiología Intervencionista es prácticamente global”. 

¿Qué piensa hacer los próximos treinta años?

Pienso seguir muy ocupado disfrutando de mi interacción con quienes admiro y a los que puedo servir.

¿Puede dar un consejo a los lectores de Mininvas News?

La aceptación del resultado de nuestras intervenciones y paz interior se consiguen con el mantra de hacer lo mejor que uno pueda, pedir ayuda si no podemos hacer lo mejor y dándole una buena patada en el trasero a tres entes molestos: el ego, los miedos, y las comparaciones.

Gracias doctor Di (nombre cariñoso en el hospital). Ha sido un placer poder revivir nuestras largas conversaciones de Shreveport.

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